Fallecimiento de Ramón Gutiérrez
RAMÓN GUTIÉRREZ (1939-2026)
Ramón Gutiérrez fue un personaje central en el campo de la historiografía arquitectónica y la defensa del patrimonio durante el último medio siglo, no solo en Argentina sino en toda América Latina. El amplio campo de sus investigaciones y su personalidad multifacética hicieron de Gutiérrez un referente insoslayable para todos nosotros. Su vocación por la docencia y la investigación, que se extendió por más de sesenta años, no fue sólo la de un erudito historiador capaz de escribir más de trescientos artículos publicados y ciento noventa y ocho libros y folletos, sino la de un entusiasta militante por sus causas capaz —como él mismo afirmaba— de intentar: “zurcir la urdimbre de unas culturas fragmentadas, incapaces de superar el aislamiento”.
Desde muy joven, cuanto construyó su espacio académico en el Chaco junto a su esposa y otros colegas, alejándose del clima político porteño tras el golpe de Onganía, definió su vocación: una vocación americanista volcada a construir redes y contactos a nivel continental, intentando amalgamar un campo historiográfico de la misma manera que lo había pretendido algunos años antes Mario Buschiazzo. De allí que su actividad como polemista y animador cultural fue central en su trayectoria, no sólo en Argentina sino en el resto de los países del subcontinente y también en España. Una acción que encontró modo de expresión primero con la fundación de la revista DANA (Documentos de Arquitectura Nacional y Americana, 1973) y luego con el Instituto Argentino de Investigaciones de Historia de la Arquitectura y el Urbanismo (1978) que permitió albergar a muchos colegas excluidos de las universidades durante la última dictadura militar.
Como investigador sus análisis, en general, intentaron valorizar a la arquitectura y la ciudad desde el punto de vista social o, más frecuentemente, ambiental-geográfico a partir de una posición cercana al pensamiento social – cristiano que opone la «cultura nacional» a las influencias foráneas. Por otra parte, sus investigaciones procuraron avanzar sobre los márgenes, rescatando las arquitecturas de mezcla, las escuelas provinciales, las adaptaciones sincréticas de la tradición española para oponerlas críticamente a la hegemonía cultural de las corrientes internacionalistas derivadas del proceso de modernización.
Entre sus logros más importantes puede mencionarse su revalorización del barroco americano como una corriente que debía ser juzgada de un modo diferente, con valores propios, y no como una escuela bastarda o provincial derivada del barroco europeo. Pero si estas características marcaron su impulso inicial, fue la defensa del patrimonio lo que proyectó definitivamente su encuadre internacional. Si el concepto había sido visto hasta ese entonces como el soporte material de una memoria nacional construida desde una galería de próceres y sitios sagrados, Gutiérrez —junto a Marina Waisman y otros colegas— propuso la idea de patrimonio como valor colectivo, donde enteros entornos, centros históricos y piezas de la cultura material y el ámbito popular encontraban un lugar y una nueva valoración.
A partir de esta intensa trayectoria en defensa del patrimonio es que puede vislumbrase su creciente y consagratorio rol institucional, así como su capacidad para generar espacios para congregar investigadores jóvenes de todo el país y del extranjero. En ese contexto, fue fundador o adherente a instituciones representativas del período, como la Bienal Iberoamericana, los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana (SAL) y el Instituto Argentino de Investigaciones en Historia de la Arquitectura.
Por su trayectoria docente, fue distinguido como doctor honoris causa en universidades nacionales y extranjeras; recibió el Premio Nacional a la Trayectoria en Arquitectura del Fondo Nacional de las Artes y el Premio Nacional de Arquitectura, así como el reconocimiento, en 2011, como Ciudadano Ilustre de la ciudad de Buenos Aires. Fue, a lo largo de su extensa carrera, profesor de las universidades de Buenos Aires, Nordeste y Mar del Plata. También cabe hacer notar su rol como profesor visitante de diversas universidades de América Latina y España. Otras facetas de su trayectoria académica fueron su rol de investigador principal del CONICET, consultor de la UNESCO para temas de patrimonio cultural de América Latina, académico de Número de las Academias Nacional de Historia y Nacional de Bellas Artes y académico correspondiente de Academias de España y de varios países latinoamericanos.
A partir de 1995 creó en Buenos Aires, juntamente con Graciela Viñuales, el Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana (CEDODAL), con el propósito de promover la valoración del patrimonio arquitectónico y urbano de nuestro país y del continente. En 2021, la importante documentación reunida fue donada a la OEA, con sede permanente en la Biblioteca del Congreso de la Nación, donde hoy puede ser consultada. Con esta acción culmina la intensa y determinante trayectoria de una figura central que cierra toda una época en la historia de la arquitectura y la defensa del patrimonio.
Fernando Aliata